Archivo mensual: septiembre 2011

“Ya no quiero ser como Philippe Stark”

Ya no quiero ser como Philippe StarkA lo largo de mi formación como diseñador industrial he aprendido muchas cosas a cerca de la teoría proyectual del diseño en sus diferentes facetas. Teoría continuamente adornada con ejemplos de diseñadores o arquitectos,  con una prolifera producción de todo tipo de productos, que de una u otra forma habían conseguido colocar alguno de ellos en algún museo de arte contemporáneo o similar. Tanto es así, que al final todos, o casi todos, teníamos como meta profesional llegar a ser como Philippe Stark o algún otro “Starlet” del diseño.

Sin embargo, según he ido adquiriendo experiencia en el mundo laboral, me he dado cuenta de que las empresas no quieren “Starlets” del diseño, lo primero porque no pueden permitirse el lujo de pagarles, ya que es eso en lo que han convertido al diseño en un lujo, y segundo porque las empresas buscan soluciones que den respuesta tanto a sus necesidades como a las de sus clientes y no tener que vender aquello que ha firmado Fulanito de Tal o Menganito de Cual , que probablemente acabe en un museo porque para otra cosa no sirve.

!!!Cataplof!!!, se me cayó un mito…. por eso me atrevo a decir que Yo, NO quiero ser como “Philippe Stark”, con todos mis respetos, y que no se me malinterprete, pero, desde mi punto de vista, tanto él como otros “Starlets” representan una forma de Diseño con el que no me identifico, el “diseño subjetivo”, el “diseño caprichoso”, el “diseño como lujo”. El producto diseñado para convertirse en arte puede permitirse el lujo de tener una alta componente de subjetividad, por el contrario, el producto diseñado para llegar al mercado debe ser lo más objetivo posible.  Y este hecho es clave para que, a posteriori, podamos conocer el valor que aporta el diseño.

Se están derramando ríos de tinta  acerca del tema, intentando argumentar que el problema radica en que, por su naturaleza  de creatividad y cambio, el diseño tiene un componente de incertidumbre y riesgo inherente a él que hace muy difícil valorarlo de una forma objetiva. Y que la única forma deponerlo en valor en el entorno empresarial es considerarlo y gestionarlo como un recurso productivo más (según palabras de Xenia Viladás, en su libro “diseño rentable”, 2008). Sin embargo este punto de vista busca el problema exclusivamente fuera de los dominios del diseño, cuando existe también un problema dentro. Este problema se encuentra en la propia metodología  del diseño, en ese carácter multi-método, de “proceso autorregulado” que se apoya en decisiones subjetivas basadas en el conocimiento y la experiencia del diseñador. Las empresas están hartas de escuchar, y aquí me baso en mi experiencia de los últimos años, que las decisiones que un diseñador toma a la hora de definir conceptual y formalmente un producto son fruto de su extensa experiencia y su vasta y enriquecida formación, o simplemente un “porque lo digo yo que soy el Starlet”. Sé que estoy exagerando un poco, pero hay muchos casos, más de los que debiera, en los que las cosas son así.

El proceso de diseño, y en su defecto el diseñador, debería ser capaz de justificar de forma objetiva todas y cada una de las decisiones que toma, y estas decisiones tienen que estar basadas en datos objetivos demostrables. Y, ¿Si fuéramos capaces de definir un proceso de diseño basado en el conocimiento multidisciplinar, donde los parámetros, tanto tangibles como intangibles, formaran parte del proceso de diseño de manera objetiva? y, ¿si pudiéramos utilizar la tecnología para ayudarnos en este proceso?, ¿resultaría mucho más fácil justificar la toma de decisiones y por lo tanto, el valor que el diseño posee?.

Este es el camino a seguir, un camino mucho más atractivo que muchos  ya empiezan  a recorrer, y que otros muchos ya definen como diseño e ingeniería generativa. Yo apuesto por este cambio por eso me niego a aspirar a ser una “Starlet” del diseño. Yo creo en el diseño colaborativo y multidisciplinar donde la potencia radica en el conocimiento, y para eso muchas cabezas son mejores que una sola.

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